Cuando amamos, el amor es demasiado grande
para caber entero en nosotros; irradia hacia la persona amada,
encuentra en ella una superficie que lo detiene,
lo obliga a regresar hacia su punto de partida
y este rebote de nuestro propio cariño es lo que llamamos
los sentimientos del otro y que nos fascina mas que en el viaje de ida,
porque no reconocemos que procede de nosotros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario